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Hay dos clases de memoria visual: con una, recreamos diestramente
una imagen en el laboratorio de nuestra mente con los ojos abiertos; con
la otra, evocamos instantáneamente con los ojos cerrados, en la oscura
intimidad de los párpados, el objetivo, réplica absolutamente óptica de
un rostro amado, un diminuto espectro de colores naturales.
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Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante.
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Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con
una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema
voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo para reconocer de
inmediato, por signos inefables al pequeño demonio mortífero entre el
común de las niñas; y allí está, no reconocida e ignorante de su
fantástico poder.
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Nos queríamos con amor prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas.
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En este mundo hecho de hierro forjado, de causas y efectos
entrecruzados, ¿podría ocurrir que el oculto latido que les robé no
afectara su futuro? Yo la había poseído, y ella nunca lo supo.
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«Hay otro hombre en mi vida». En verdad, ésas son palabras feas para los oídos de un marido.
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Bajo el sol de medianoche los sueños tienden a ser de vivos colores.
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Ella llevaba una camisa a cuadros, blue jeans, zapatillas de goma.
Cada movimiento que hacía en las salpicaduras de sol punzaba la cuerda
más secreta y sensible de mi cuerpo abyecto.
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¡Oh, si fuera yo una escritora que pudiera hacerla posar bajo una luz desnuda!
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Una niña moderna, una ávida lectora de revistas cinematográficas, una experta en primeros planos soñadores…
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Y allí está ella, perdida entre todos, royendo un lápiz, detestada
por los maestros, con los ojos de todos los muchachos fijos en su pelo y
en su cuello, mi Lolita.
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Ya todo estaba listo. Los nervios del placer estaban al
descubierto. El menor placer bastaría para poner en libertad todo
paraíso.
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Que vuelva pronto, rogué, dirigiéndome a un Dios prestado.
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Ningún hombre logra jamás el crimen perfecto; el azar, sin embargo, puede lograrlo.
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…el cuarto se volvería «la guarida de un escritor»
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Oh, Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante.
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Para que sepas, he sido asquerosamente traidora contigo. Pero no
importa un comino, porque de todos modos tú dejaste de preocuparte por
mí.
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Imagíname: no puedo existir si no me imaginas.
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…aplicar mis labios voraces a su corazón desconocido.
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¿Cuánto pides por tus pensamientos?
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Mi niña, se sabía observada, que gozaba con la lujuria de esa mirada y hacía alarde de risas y jugueteos.
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Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista.
- La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir,
que la quería más que a nada imaginado o visto en la tierra, más que a
nada anhelado en este mundo.
- «Él me destrozó el corazón. Tú apenas me destruiste la vida».
- Bueno, algún día, si quieres venirte a vivir conmigo… Crearé un
nuevo Dios y le agradeceré con gritos desgarradores si me das una
esperanza microscópica.