sábado, 23 de agosto de 2014

Ex drummer

Ivan, Koen y Jan han decidido que lo suyo es la música, así que forman un grupo, que toca Punk Rock, y triunfan por todo lo alto en un festival de Rock local. 


Koen, el cantante, añade a sus pintas de skin head la peculiaridad de vivir cabeza abajo y el peligro de ser un violador compulsivo. Jan debe de ser el único bajista del mundo con un solo brazo; el otro se le quedó paralizado tras una complicada experiencia onanista. Iván, que es sordo, se encarga de tocar la guitarra, tiene una mujer drogadicta y una hija.


 Falta un batería. Por fin el puesto lo ocupa Dries, un escritor de fama capaz de darle lecciones al propio Maquiavelo. Que no sepa ni sostener las baquetas es lo de menos.


Guión | Koen Mortier
Dirección | Koen Mortier
Año | 2007

La verdadera historia de Siniestro Total

El periodista Eduardo Rolland anda tan contento con el documental que le produjo Antón Reixa sobre el Casco Vello como cabreado con el Alcalde Abel Caballero por no escuchar su recomendación para que los de Siniestro Total reciban el título de Vigueses Distinguidos. 

Está claro, se lamenta, que con el Celta en la cola de ascenso y la Citroën siempre a punto de enviar a un turno entero a sachar, solo un milagro, o la improbable vuelta de los tranvías, hará que esta ciudad recupere el optimismo y vuelva a ser símbolo de modernidad, como lo fue en la década de los ochenta a los ojos del mundo contemporáneo.



No sé si Abel Caballero, muy aficionado a historias de Templarios, simpatiza más con las batallas medievales de los metaleros (precisamente a Los Suaves acaban de dedicarle una plaza en Ourense, su ciudad) que con el espíritu not future del post-punk de los ochenta. Ando bastante despistado con los gustos musicales del primer regidor. En cualquier caso soy incapaz de imaginarme un comportamiento tan sectario en quien introdujo la elegancia clasicista y solemne del piano de cola en las comitivas inaugurales del Ayuntamiento, y concluyo que es todo un problema de falta de información.

Que no se entienda entonces como un recordatorio, pero, señor alcalde, hace ya 30 años que los de Siniestro Total debutaron en el Salón de Actos de Los Hermanos Salesianos de Vigo, y que llevan paseando sin interrupción la bandera rojiblanca por los escenarios de medio mundo -como diría José María Carrascal- "con la misma ilusión del principio". Su disco reciente (Country & Western) da fe de ello. Un puñado de canciones muy bien tocadas, un título supongo que inspirado en el descubrimiento reciente del campo y un envoltorio a lo Jethro Tull, coronan la vocación para la crónica periodística del grupo vigués.

A Al Kooper se le conoce por ser un profe sensato y sobre todo por su background de órgano en Like a rolling stone. En una ocasión aseguró que de todas las historias del rock and roll que había escuchado muy pocas eran verdaderas. Son historias divertidas para consumo de mitómanos y fans, pero son mentira. La verdadera historia de Siniestro Total es sin embargo muy fácil de averiguar en libros, hemerotecas y links. También puede uno quedar con su líder Julián Hernández -que es persona amable-, y que la cuente con toda la gracia que le acompaña y el rigor del exalumno del Colegio Alemán. Da para una tesis doctoral, no lo duden.

Dicen que, muy al principio, a los de Siniestro los apartó del rock sinfónico el hecho de que sólo Alberto Torrado estaba dispuesto a aprenderse unas canciones tan largas, y que César -un amigo- les dio la pista sobre un camino a seguir: hacer punk con planteamiento irónico. Canciones con cachondeo, rápidas, explícitas... La idea fue recibida con júbilo, pero se presentaba un problema difícil de resolver: como alumnos aventajados del Conservatorio tocaban demasiado bien para las exigencias de la época, y eso los hacía poco creíbles. Es entonces cuando tuvieron la ocurrencia de intercambiarse los instrumentos y partir de cero, inconscientes de que, como en el anuncio de Heineken, el punk rock galaico acababa de nacer.

Es mi anécdota favorita sobre el grupo vigués. Me la contó un camarero de la Calle Churruca, y posiblemente sea de las que Al Kooper colocaría en la categoría de farol. En todo caso, admitamos que es muy punkie y que facilita un buen titular.

 Retratos de Xurxo Lobato