jueves, 2 de octubre de 2014

Hoy, ser revolucionario es no cagar a nadie

Hace más de dos décadas que el nombre Expulsados suena con constancia y tesón en el no siempre auspicioso panorama del Rock argentino. ¿Quién no se cruzó alguna vez con un show de esta banda que supo decodificar, bajo el prisma de un grupo de pibes del conurbano bonaerense, el Punk de Nueva York?



El próximo sábado 18 de octubre tendrá lugar en el Teatro Vorterix -quizás uno de los mejores cinco sitios porteños para ver rock- una nueva parada en el recorrido histórico de este tren ramonero: la presentación de su noveno disco, que será entregado junto con la entrada al concierto.

“Además, el show va a ser el cierre de todo un período -dice Sebastián Expulsado en las oficinas de la productora- En 2009 salió el último disco (“Retrato de un cazador”, un vertiginoso compendio de quince canciones) y a partir de ahí atravesamos una etapa en la que tuvimos que superar muchos obstáculos personales y como banda. Todo fue difícil. Así que va a ser una gran catarsis llegar a esta instancia”.

MOCK: ¿Cómo es la previa de un show tan grande? SE: Si sentís la música y hacés las cosas de corazón, no podés estar ni tranquilo ni pensando en otra cosa. Vos querés dar un buen show para la gente y respetando, sobre todo, el laburo que hicieron ellos para pagar una entrada, de modificar su vida habitual para eso. Nosotros intentamos disfrutarlo, sacarnos los nervios, festejar. Son días raros, pero una vez que estás arriba del escenario, lo que vale es la música.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo punks
La primera formación de Expulsados data de 1993. A Maradona todavía no le habían cortado las piernas, la Argentina era menemista y los Ramones seguían tocando y visitando nuestro país, su segundo hogar. Ciertamente el panorama era muy otro. Sin embargo, ¿hacer punk rock en aquellos años es muy diferente a hoy día?
SE: Hoy lo revolucionario es no cagar gente, es tener respeto. Los ideales del punk rock siempre fueron por ahí. Romper y destruir era una cosa publicitaria de los Sex Pistols cuando salieron. Mi forma de ver el punk es que podés hacerlo vos en tu casa. Es contar una cosa del corazón, con autogestión y buscar generar un sentimiento en alguien. Lo hizo ya Chuck Berry con un estiramiento de cuerdas.

M: Hay muchos músicos militantes. ¿Qué posición tienen al respecto? SE: El sistema hay que cambiarlo en el día a día, generando conciencia, no estando en contra por estar en contra. Eso tampoco fue el punk en sus comienzos; ésa es una imagen que llegó acá cuando no llegaba nada, y se tomó por ahí. Pero había bandas que hablaban de lo que le pasaba a los trabajadores en Inglaterra en las épocas de crisis. El punk también son vivencias, historias simples. Las letras nuestras no dicen ‘esto lo tenes que hacer de esta manera, esto de esta otra’. Hablan de cosas normales, no son letras crípticas, cosas que le pueden pasar a cualquiera porque nos pasan a nosotros mismos. No hacemos apología del alcohol ni de las drogas. Nosotros apuntamos a la música, a hacer buenas canciones. Si querés tener una banda para pintarte la cara, o para ganar minas o para salir en la tele, no tiene nada que ver con la música eso. La música es disfrutarla con amigos, estar en una sala de ensayo.

M: El otro día escuchaba a un músico decir que formar una banda es el mejor instrumento para consolidar una amistad y una gira el mejor instrumento para destruirla. Después de 20 años, ¿la cosa es así? SE: Si una gira destruye una amistad es porque no hubo nunca amistad. Las giras son difíciles porque ahí salen a la luz cosas personales, los rayes, las locuras… Pero si nadie está subido a un caballo y después del ensayo podés hablar de tus cosas personales, de lo que le pasa al otro, está todo bien. Si el objetivo sólo es ganar dinero, la cosa se va a romper. Si nosotros no ensayamos, nos juntamos igual. Hasta ahora, te digo la verdad, nunca hubo roces. Adentro de la banda tenemos un acuerdo de que todo es democrático, todos decidimos todo; si hay alguien que haya entrado a la banda hace un año es lo mismo que el que está hace diez. Y ésa también es una forma de respetar e implantar una amistad. Amistad no es una palabra sencilla.

Mondo bizarro
M: ¿Cómo ven la escena actual? SE: Veo que actualmente está un poco más difícil llegar a la gente para las bandas. Todo lo que pasó en Cromañón se usó para mal. Se da una imagen de ‘me estoy cuidando por seguridad, por eso le cobro más a las bandas’. A muchas bandas, cuando van a tocar, les hacen rendir entradas. El pagar para tocar es algo que todavía no se fue. Y si ya existe una banda que paga, no tenés opción. De todos modos existen lugares y medios que ayudan a las bandas y les dan una posibilidad que no son conocidas de tener un camino para que la gente los escuche.

M: ¿Qué lugar creen que tienen en la escena? SE: La no dependencia de ese lugar es lo que nos hizo sobrevivir. La música no depende de eso. Nosotros siempre vamos a tocar, llevemos la cantidad de personas que llevemos.

M: Deben tener historias de Cemento… SE: Cuando recién empezábamos, le llevamos un demo a Chabán a ver si podíamos tocar. Y a los dos días el tipo llama por teléfono a mi casa, atiende mi vieja y dice: ‘Hola ¿está su hijo? Quiero que venga a tocar a Cemento’. No pidió nada, ni que rindamos entradas, ni nada por el estilo. Ahí te da la pauta de que -fuera de toda la discusión acerca de lo que pasó después, en la que cada uno tiene su postura- esa disposición que el tipo tenía para ayudar a las bandas es parte del misticismo del lugar. El tipo le daba lugar a bandas que no tenían lugar en ningún lado, y las bandas que tenían lugar seguían tocando ahí. Flema, por ejemplo. Nosotros mostrábamos un cassette con lo que hacíamos y la gente decía ‘ah no, punk rock no, se me va a armar quilombo si vienen a tocar acá’. Y que un tipo como Chabán, que tenía un lugar gigante, te diera un espacio, era muy bueno. Una vez hicimos una fecha a beneficio y no sabíamos dónde hacerla. Decidimos probar con Cemento. Accedió resignando una noche en la que iba a ganar mucha plata, y eso hoy en día andá a buscarlo… Todos te dicen ‘buenísimo, llamame’. Lo llamás y no lo encontrás nunca más.

M: Siendo Ramones una influencia muy notoria en el universo musical de la banda ¿cómo les pegó la muerte de Tommy (el último miembro de la formación original que quedaba vivo)? SE: Los Ramones siempre han dicho en entrevistas que no los reconocían en su país, y fue así. No fueron reconocidos como deberían haber sido hasta que se empezaron a morir. Pega porque te enterás que se va uno y pensás en su música. A mí me pasó más con Dee Dee, porque tuve la suerte de conocerlo. La muerte de él fue muy fuerte porque fue la voz de los Ramones en las letras. Yo cuando lo conocí en su mítica vivienda en Banfield, me abrió la puerta y no lo vi a él, vi sus canciones. Además, el sueño de que se junten ya no existe.

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