No hay dudas de que Scarpetta le debe su nombre al personaje principal de la serie detectivesca literaria de Patricia Cornwell iniciada en 1990 y que tiene 29 publicaciones hasta la fecha.
Dicen que Demi Moore, Angelina Jolie, Helen Mirren y Jodie Foster estuvieron cerca de encarnar a esta eximia forense de raíces italianas. Tras varios proyectos empantanados, llega esta serie de ocho episodios, con una segunda temporada confirmada, protagonizada por Nicole Kidman. El término, a su vez, significa zapatito, lo cual calza perfecto en un envío que busca asentarse en la horma del policial de procedimiento. Hay una tercera acepción para el vocablo. Además de su apellido, “scarpetta” es la acción de mojar el pan en la salsa de un tuco. Y para un relato muy condimentado, suntuoso y espeso, eso suena aún mejor.
Si bien esta es su primera transposición, al personaje se lo presenta como alguien que está de regreso. Kay Scarpetta vuelve a Virginia natal para retomar su trabajo y saldar algunas cuentas pendientes con su propia historia.
Un detalle. La jura como jefa de medicina forense, la hace frente a una oficial interpretada por la propia autora de la saga. “Buena suerte, doctora Scarpetta”, le dice mientras le da la mano a esta glacial y circunspecta dama cuya misión es la de darle voz a las víctimas de homicidios. El primer caso será el del una mujer mutilada hallada cerca de unas vías. Salto a 1998, cuando una jovencísima versión del mismo personaje sigue la pista de un asesino serial que deja un extraño residuo brillante en los cadáveres.
Todo parece un trampolín para que Scarpetta juegue con una narrativa a dos puntas: entre el presente y ese pasado en el que junto a su cuñado detective, Pete Marino, ayudaron a llevar tras las rejas a un hombre que podría ser inocente. Sin embargo, la propuesta se amplifica en su rango. Más allá de entablar un diálogo con su historia de origen, se le suma el drama familiar, algunos toques de comedia -¿involuntaria?-, y una puesta en escena con algo de gore en la sala de autopsias. La serie entretiene con el suspenso tanto por los crímenes a explorar, como por los propios secretos que esconde la profesional.
Por fuera, Scarpetta exhibe una máscara glacial. Aunque la ferocidad con el que la mujer usa su escalpelo sobre los muertos demuestra que hay algo complicado en su psiquis. Ni su esposo y agente del FBI, o su sobrina Lucy, una informática que la asiste en las investigaciones, pueden correrla de su eje. Ese rol le cabe a su hermana mayor, Dorothy, trenzada en una disputa bíblica con Kay. “Pelear es el idioma de las hermanas”, le suelta en la cara en un momento. “Prefiero ser una loca, antes que una desabrida y calculadora científica sin corazón”, la describe. Scarpetta, en esos momentos, se olvida de los crímenes para sucumbir en un melodrama familiar con lugar para gritos, llantos y alguna que otra carcajada.
Es sugestivo que la segunda línea temporal en la que transcurre el relato esté alineada con la época en la que el procedural empezó a dominar la tevé de ficción. Género ascético y filoso, con CSI a la cabeza, que hizo de los registros de ADN toda una escuela. La impoluta Key, con su alto sentido de la moda y placer por los tailleurs, se luce en lo suyo tal como antes lo hicieran Dana Scully, Gil Grissom y Temperance Brennan. En definitva, este es el turno para el emblemático personaje con una iteración de lo que Kidman ofreciera en Big Little Lies, The Undoing y Nine Perfect Strangers. Alguien que carga con una mochila existencial pesada e imanta con su aura desaprensiva. Salvo que esté en alguna reunión con Dorothy, quien pide a gritos su propia sitcom desmadrada. A eso se le suma el uso de IA como un personaje relevante dentro de la trama, varios instantes de pura hemoglobina y un tendal de cuerpos femeninos. En medio de esa salsa se saborea Scarpetta.
DIRECCIÓN
Liz Sarnoff
REPARTO
Nicole KidmanBobby Cannavale
Jamie Lee Curtis
Simon Baker
Rosy McEwen
Jacob Lumet Cannavale
Fuente: PÁGINA 12

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